Departamento de Colonia, 15:49 del Martes 23 de Mayo de 2017
 
 
  • INTERNACIONAL
  • La larga marcha de China hacia la Luna

  • Carmelo / Domingo 9 de Abril de 2017
  • El aterrizaje en la cara oculta del satélite terrestre es el próximo objetivo del gigante asiático para confirmar su condición de nueva potencia en el firmamento  

    Fuente: www.lavanguardia.es

    Orgullo nacional, desarrollar una arma secreta, anticiparse a un conflicto por la explotación de los recursos minerales, o convertirse en un país puntero en la investigación del cosmos. Los motivos por los que China ha decidido impulsar sus ambiciones en la Luna no han sido ni explicados ni publicitados pero, sean cuales sean, la realidad es que ya se codea como potencia espacial con Estados Unidos y Rusia, los otros dos países que han podido aterrizar en el satélite terrestre.

    La videoinfografía adjunta muestra la evolución del programa espacial impulsado por Mao Tse Tung hasta que el año pasado el rover Jade Rabbit circuló por la Luna y las ansias futuras, que pasan por visitar Marte y explorar la cara oculta de la Luna. China tampoco descarta una misión tripulada a la Luna antes de 2022.
    El presupuesto del programa espacial chino ha ido creciendo a un ritmo de casi el 10% anual en la última década, una pujanza paralela a la de su economía, y se estima que es de unos 2.000 millones de dólares anuales.

    Ante el estancamiento de los fondos destinados a la NASA, China está tomando posiciones en el tablero espacial. Hace poco más de cuarenta años que enviaba al espacio su primer satélite y hasta el 2003 no puso un ‘taikonauta' -como llaman a los austronatas chinos- en el espacio.

    Ahora China quiere volver al satélite terrestre, pero quiere hacerlo alunizando en la cara oculta, algo sin precedentes y con más riesgos que las misiones emprendidas hasta ahora. Las autoridades científicas del gigante asiático han prometido llegar a la cara oculta antes de 2020, pero seguramente lanzarán la nave Chang'e-4 el próximo año.
    La apuesta de Pekín

    El presupuesto de la carrera espacial china sube a un ritmo del 10% anual y se calcula que ascienda a 2.000 millones de dólares

    Chang'e es el nombre chino para la diosa de la Luna y se espera que lleve suerte a la misión pionera. Nadie ha llegado ni ha intentado antes posar un rover en el lado que nunca se ve desde la Tierra, y existen dudas sobre los beneficios e intereses chinos. De hecho Estados Unidos ya hace más de 40 años que ha dejado de enviar personas o vehículos sobre la superficie lunar. La prensa occidental bromea sobre que China pretende lograr unos ‘derechos para presumir' que no le van a reportar más ventajas si el Chang'e-4 tiene éxito. Aunque los responsables del programa espacial no han indicado dónde tienen previsto aterrizar, sí han hecho indicaciones para deducir que será en la depresión de Aitken, una cuenca de seis kilómetros de profundidad con el cráter de impacto de mayor tamaño del que se tiene conocimiento en el sistema solar.
    La cuenca de Aitken, si se pudiera ver, parecería un ojo incrustado en la superficie lunar y es uno de los campos de investigación más deseados de la comunidad científica internacional, pues se cree que puede aportar datos determinantes sobre la formación y evolución geológica de los astros. Se ha calculado que el cráter de Aitken tiene 2.500 kilómetros de longitud y que incluso tiene partes que sirven para observar el manto lunar.

    Presunción aparte, China tiene otros intereses en la cara oculta de la Luna. En primer lugar, tomar posición en el caso eventual de que haya que reclamar derechos para explotar recursos minerales en el futuro, sobre todo el helio 3, un posible fuel alternativo a la energía nuclear, y agua.
    La investigación del firmamento

    La misión china instalará un radiotelescopio para explorar el universo desde la cara oculta de la Luna

    En segundo lugar, China ya no esconde que va a instalar una antena de fabricación holandesa en la cara oculta. Se trata de un radiotelescopio que podrá explorar el cosmos sin las interferencias de las ondas de radio terráqueas. Eso permitirá que los astrónomos puedan estudiar objetos que hasta ahora eran invisibles o inalcanzables en el espectro electromagnético.

    Finalmente, algunos expertos estadounidenses creen que China tiene intenciones militares en la Luna. Un informe del Departamento de Defensa estadounidense sugería que Pekín estaba construyendo un equipamiento para interferir con la navegación de los satélites. Incluso científicos del Instituto Planetario de Houston interpretan que la misión Change'2 sirvió para realizar simulacros militares.

    China está inmersa en una carrera espacial que ha desplazado su eje. Del interés competitivo en plena guerra fría entre Estados Unidos y Rusia, el polo de atracción se sitúa ahora en Asia, con India y Japón -que quiere ir a la Luna en 2018- interesados en entrar de lleno en la carrera especial.
    En cualquier caso, los mismos escépticos estadounidenses descartan que China tenga únicamente objetivos militares ni que estos sean los prioritarios. De momento el principal rédito del programa espacial chino son los cohetes "Larga Marcha", que son considerados mejores que los rusos y que demuestran que Pekín es capaz de innovar en algunas áreas en la aeronáutica.
    Otras motivaciones

    Los intereses militares tampoco son ajenos a los deseos de exploración lunar

    Las metas para la NASA son diferentes. Estados Unidos se ha volcado en su reto de enviar seres humanos a Marte en los años treinta de este siglo. Pero ese enfoque despierta críticas y existen voces que preferirían estudiar las condiciones para habitar otros planetas en la Luna. China también aspira a ir a Marte, pero destina sus recursos al satélite terrestre de momento.

    Tiangong 2 es el otro gran coloso espacial de China. Es su propia estación y el módulo principal será instalado en el 2018. Estados Unidos recela de este proyecto que debería estar completado en 2022, la misma fecha en la que está previsto que deje de ser operativa y sea destruida la ISS, la estación espacial internacional. A día de hoy no hay remplazo para la ISS, así que China puede convertirse en la única potencia con una estación espacial justo después de que la bandera roja esté clavada sobre la Luna.

     

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