COLUMNISTAS
“Ya, qué chuchas”

Se cree que Uruguay es un país ‘pequeño’ por tener sólo 176.215 km2. El más grande, Rusia, tiene algo más de 17 millones. Uruguay es pequeño sí, pero ‘a mí me vale madre’ eso.
Una sociedad gobernada o controlada por la minoría formada por sus miembros más ricos es una ‘Plutocracia’. La palabreja viene del griego, ploutos ‘riqueza’ y kratos ‘poder’. Es una forma de oligarquía, un sistema de gobierno en la que el poder está en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada. Nadie debería pensar que la forma en que nos gobiernan importa un bledo, coco, pepino o pito. Es un asunto de indiscutible actualidad ¿o no? Algo de verdad relevante. ‘Ya, qué chuchas’, te diría, si fuésemos quiteños.
La plutocracia no está fundamentada en ninguna teoría de filosofía política. ¿Quién podría hacerse cargo de su defensa o justificación? Por eso supongo que no tiene partidarios declarados como la democracia, el capitalismo, el socialismo o el anarquismo en cualquiera de las formas teóricas o prácticas que queramos considerar las distintas maneras de organizar la sociedad que nos proponen o imponen. Se supone que las constituciones sirven, entre otras cosas, para prevenir de los riesgos de que instale un sistema de gobierno dirigido, de manera determinante, desde los estamentos más acaudalados de una sociedad. La plutocracia se presenta como la antítesis de la democracia, el sufragio universal y el parlamentarismo.
Nos ha ganado la astenia. Sentimos una sensación de falta de fuerzas, cansancio, debilidad, agotamiento, físico y psíquico; falta de energía y motivación. Ellos, por otra parte, lucen pletóricos de energías. Ejercen su ‘autoridá’ sin descanso; ponen, en todo, un desmesurado esfuerzo y la necesaria ‘responsabilidá’. Así fue, por ejemplo, para enfrentar a la pandemia que asola el mundo y a la que contuvieron apelando a la ‘libertá’ responsable. Si ahora luce un poco descontrolada es culpa de la inconciencia de la juventud, a la que le dijeron, cuando se mantenía quieta y en casa, que nada estaba prohibido en Uruguay porque la ‘libertá’ es lo primero. Ahora la ‘libertá responsable’ consiste en hacer caso, a Daniel –Salinas-, a Javier –García-, a Jorge –Larrañaga-, calladito la boca y rapidito, aunque te hagan el relato sobre los contagios en las marchas de protesta de sindicatos y organizaciones sociales. También nos dan ‘libertá’ de creer que tendremos la mejor vacuna y la más segura y que ya casi está aunque demore todavía dos meses más. Luego está todo el período de vacunación que será en etapas, las segundas dosis, tres semanas después y la espera, con la esperanza claro, de que tengamos una buena inmunidad de rebaño dentro de algunos meses. ‘Ya, qué chuchas’, dijo Luis, cuando le explicaron que la gente se muere, se queda sin trabajo, no puede bancar esta situación. ¡Nos volvemos locos Luis! Pero bueno, nada de eso es problema para las plutocracias oligárquicas de los malla oro.
Un apreciado lector, posiblemente un ex lector luego de leer esta nota, me sugería escribir sólo sobre lo que me parecía bien del nuevo gobierno y por una vez aunque más no sea, sin peros. Luego de meditar largo, tendido y de modo profundo en busca de los ejemplos solicitados, sin éxito alguno claro, me pregunté: ¿Por qué? Y surgió clara y distinta una premisa nueva: la plutocracia nos gobierna. Por eso no puedo escribir nada bueno.
Dicen que a veces, las batallas que se pierden son condición para las victorias futuras. Después que un decreto podó un 15% de los recursos públicos y limitó severamente la reposición de los ‘recursos humanos’ necesarios para que funcione la cosa pública (fue la hilacha que mostró el gobierno bien al inicio de su gestión) vino la LUC y el presupuesto y otros decretos, leyes y disposiciones para extremar el control sobre la gente (pobre) y las libertades para la otra gente (linda).
Estos días he visto rostros adustos bajo gorras y cascos, sobre togas y tras máscaras de variado tipo. Las pretensiones de participación: asambleas, manifestaciones y representación democrática en instancias decisorias se vienen recortando. Los símbolos del poder se muestran y el poder mismo actúa por medio de sus representantes o por mano propia para desandar el camino recorrido del que nada merece ser rescatado ni mencionado salvo para denigrarlo.
Sobre mi propia realidad cotidiana ‘mascullo’, cuando veo gente de izquierdas que afirma: “tengo la esperanza de que se incorporen algunas de las propuestas del Frente que estaban en nuestro programa de gobierno, porque en definitiva lo que todos buscamos en el sistema político es tratar de hacer lo mejor para la ciudadanía de San José. Claramente tenemos formas de ver la realidad distinta y caminos distintos para llevarlo adelante, pero el Frente tiene una batería de propuestas a realizar, que no es más ni menos que lo que propusimos en campaña”. Lo dijo el edil Javier Gutiérrez (en Primera Hora) y el subrayado es mío. Como ciudadanía es más que el círculo de intereses, amigos, socios, familiares, etc. vinculados al poder local y su miserable reparto de pequeñas prebendas, no tengo claro si compartimos la búsqueda de un mejor futuro común.
El progresismo de izquierdas puede ser un 30 o 40% de la población y en la vereda de enfrente hay un herrero-riverismo-ruralista que es no menos de la mitad de la coalición multicolor. Allí está la grieta instalada en medio de esas dos poblaciones. No importa qué quieran los dirigentes políticos, religiosos o sociales; por ahora, una sociedad unida está más allá de la realidad.
Hay un vecino que dice (con perdón de la expresión): “A mí me chupa un güevo. Yo hago la mía”. Pero yo no puedo hacerme el distraído. Como sí me importa, debo consignar que no encuentro motivo de elogio, mayores puntos de acuerdo –ni menores-, con las derechas mundiales, nacionales o locales.
Y “aquí me planto”.
David Rabinovich, periodista
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