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Entrevistas: “el miedo a los árboles, en la mayoría de los casos, no tiene un fundamento real”

Los vecinos piden un plan urgente para el manejo del bosque de Santa Ana y El Ensueño. El arborista explica en qué consiste el proyecto presentado a la Intendencia. Los principales problemas y las posibles soluciones. Y todo lo que está en riesgo por la falta de controles: la regulación hídrica, el control térmico y los espacios sociales.

Por Agustín Colombo*

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Miguel González durante la presentación que hizo en El Ensueño (departamento de Colonia).

 

En las Cataratas del Iguazú hay un cartel que explica la magia y la tragedia en pocas palabras: “Cuando cae un árbol, la selva tarda hasta 60 años en ocupar ese espacio. ¿Se imagina cuánto tiempo transcurre cuando el hombre realiza un desmonte y luego abandona el lugar?”. En los balnearios de Santa Ana y El Ensueño no existen esos carteles, pero sí existen algunas problemáticas que se le parecen: la tala y la poda discrecional, sin ningún tipo de información ni de sustento teórico.
Miguel González sabe que ese es el principal problema y hace lo posible para solucionarlo. Miguel trabaja de arborista, aunque se define de una manera más simple: “trabajo con árboles. Las arboricultura se ha tecnificado demasiado. Yo apunto a una cosa más básica: a tratar de pensar y reconocer cómo funciona la naturaleza”, dice. Para reconocer cómo funciona la naturaleza, Miguel trepa los árboles. Llega con su camioneta, baja dos mochilas llenas de arneses, sogas y elementos de seguridad, y convierte a un árbol en un gran elevador con aparejos: sube, los camina, los recorre y los visualiza. Así, de esa manera, conoce su salud biológica, el estado de sus ramificaciones y el tratamiento o la técnica que se le debe aplicar.

Para las personas que no conocen mucho sobre estos trabajos: ¿qué sería trabajar en arboricultura?
—Es algo así como aumentar la exposición de las personas a los ambientes naturales. Que no se pierda ese vínculo indispensable con las áreas verdes. De todos los manejos referidos al arbolado urbano, nuestro fuerte son las técnicas de trepa, que nos permiten, a través del uso de cuerdas y de una variedad de implementos de seguridad, una mayor accesibilidad a todas las partes del árbol. El ascenso, descenso, desplazamiento por la copa. Luego de haber hecho una correcta evaluación del árbol, de haberlo evaluado visualmente, nos permite eliminar sólo las partes necesarias del árbol, en el caso de que haya alguna problemática de interrelación con el medio: edilicia, con líneas de servicio, peatonales o con alguna otra especie. De esta manera, conservamos el porte natural de esa especie. Eso hace que no perdamos todos los servicios ecosistémicos que el árbol nos brinda. La importancia reside en la proyección de la copa. Es ahí donde tenemos todos los servicios que el árbol nos brinda: la regulación hídrica, el control térmico, que nos genere un espacio social, de permanencia o de descanso. Todas estas técnicas de cuerda que usamos nos permiten eso: conservar el porte natural de los árboles.

—¿Cómo se trasladan esos conceptos a una zona como la de Santa Ana y El Ensueño?
—Si bien todo el bosque de Santa Ana y El Ensueño no tiene un límite diferenciado, sí hay espacios con distintas problemáticas. La zona con más carencias es la parte del arbolado urbano que corresponde a árboles de línea y veredas cuyo manejo pertenece a la Intendencia. Si bien se encuentra en la zona más poblada y por eso debería tener un mayor monitorio, es la parte con más problemas: muchos árboles en etapa de decaimiento, con un nivel de descomposición alto en sus troncos, por lo tanto dispuestos a vuelcos o caídas, hay muchas fosas vacías: espacios donde antiguamente había un árbol y ahora no hay nada. Eso también marca un manejo pobre a la hora de reforestar.
Por otro lado, hay una parte muy rica en vegetación que pertenece al arbolado privado, por decirlo de alguna manera, porque ha crecido libremente en terrenos en que no se ha edificado. Pero como de a poco eso fue cambiando, también debe ser manejado. Si bien hay personas que empezaron a convivir con el bosque, hay otras que hicieron extracciones de árboles de grandes portes o de portes medianos sin tener una visión mucho más amplia que eso. Entonces hay una nueva exposición a los fenómenos climáticos de los árboles que habían crecido en forma de monte. Esto produce vuelcos, nuevas brotaciones, fracturas de ramas. No promueve una convivencia segura ese tipo de manejos. Se va cortando la sucesión natural en muchos de los terrenos que vimos: ya que las personas eliminan la flora baja, que en estos momentos es la más importante porque aparece una diversidad gigante, porque hay muchas especies nativas que tienen su fauna asociada y la va acercando de a poco. Cometemos la equivocación de eliminarla y dejar solo árboles de porte más alto pensando que no estamos afectando el bosque. En edad estamos limitando: nos estamos quedando con árboles de 30 o 40 años, que dentro de 20 o 30 tienen su límite biológico, y eliminamos su sucesión.

—¿Qué es el desmochado de árboles?
—Es esa práctica que no califica como una técnica de poda ya que no es una eliminación selectiva de las partes del árbol sin que alteremos sus características físicas y funcionales. El desmochado es todo lo contrario: es una eliminación total de la copa, que deja al árbol con pocos recursos, solo con sus reservas.

—¿Y qué pasa cuando sucede eso, cuando se elimina casi por completo la copa de un árbol?
—El árbol, como una medida de emergencia, activa sus yemas latentes para producir hojas, abrir brotes y comenzar nuevamente su ciclo natural mediante un proceso de fotosíntesis. Toda esa brotación, que muchas veces puede ser desordenada, está solo conectada periféricamente con la corteza, por eso cuando se transforma en una rama principal es fácil que pueda desgarrarse, quebrarse o desprenderse. Y otro problema es que donde se cortó, desde ahí hacia abajo, internamente la madera se va descomponiendo. Entonces, ese brote que luego se convertirá en una rama de gran porte queda fundado sobre una base poco firme. Sobre madera que de a poco se muere.

—¿Por qué pensás que es una práctica tan difundida en el Uruguay, dado que deforma y mata a los árboles?
—Es una práctica que no aporta en nada al manejo del arbolado. Si bien hay casos donde se debe usar, tiene que ser una de las alternativas, no la alternativa principal o más usada. La importancia de un árbol, como decíamos antes, está en la proyección de la copa, no en un tronco parado. Gran parte de las veces, el árbol pierde toda su estructura principal por esta práctica. Estéticamente generamos árboles muy feos. Trastoca bastante paisajísticamente. Dejamos árboles sin estructura, y por lo tanto acortamos bastante su vida.

Hay personas que les temen a los árboles. ¿Cómo se podrían erradicar estos temores para evitar que se continúe dañando el arbolado?
—Generalmente las personas hacen muchas asociaciones que les generan temor en torno al arbolado. Ya sea por un tema de tamaño, de altura, o de inclinación de las copas. Todas esas asociaciones en la mayoría de las veces no tienen un fundamento real. Existen muchas maneras de evaluar un árbol, y varios indicadores en el árbol que nos muestran si es un ejemplar que presenta riesgos de fracturas o de caídas. Cuando no hay una base técnica, las personas interceden y eliminan árboles que no tienen indicadores de riesgo. Las asociaciones que generan temor se van con los fundamentos técnicos y con las normas técnicas que promuevan un manejo armónico del arbolado. También con una limitación en el acceso de las personas al manejo del arbolado público. Hay gran parte del arbolado que se puede controlar de una manera más armoniosa. Eso por una parte. La normativa técnica, lo que regula. Así como yo no puedo ir a cambiar una columna de luminaria de la vía pública, o no puedo ir y mover los bancos de una plaza, tampoco las personas pueden intervenir el arbolado abierto a cualquier criterio.

Desde la Asociación Civil Amigos del Bosque presentaron un plan de Análisis de Riesgo a la Intendencia de Colonia. ¿En qué consiste y qué respuesta obtuvieron?
—Lo que se le presentó a la Intendencia de Colonia fue un censo del arbolado de la localidad para que, a través de una evaluación visual, se trate de conocer el estado real de todo el arbolado público de la zona. ¿Para qué? Para poder generar, a futuro, un plan de manejo que contemple toda la zona y todas las situaciones. Desde las reposiciones hasta las extracciones que haya que hacer, o los diversos manejos con el arbolado. Se presentó un manejo integral. Pero hasta ahora no hicimos ningún trabajo y ya pasó un tiempo prudente desde nuestra presentación.

Según tu diagnóstico, ¿cuál es el principal problema de Santa Ana y El Ensueño en lo referido al arbolado?
—Hay que entender algo: algunos árboles ya pasaron su etapa funcional. Si hay una caída dentro del monte, eso abre otros procesos y está bueno: se activan semillas, por ejemplo. Ahora cuando la gente los corta y no hay reposición, eso es brutal. Ese es el problema principal de Santa Ana. La extracción es extracción por el simple hecho de quitar, no es por manejo. Cuando se hace por manejo se calcula la reposición. Eso da una continuidad. Cuando no, viene la macana. Se hace por desconocimiento de las facultades del árbol. Santa Ana es un bosque urbano. Por eso es que toda la zona tiene que estar sometida a un manejo. El manejo es parte de la conservación. Eso es lo más importante. Le ha costado entender a muchas personas. La conservación no es no tocar. En muchos de los intentos por conservar, se ha perdido la parte más valiosa de la zona: quizás no se tocaron eucaliptos pero se sacó toda la flora baja.

—¿Por qué crees que hay que cuidar y preservar el bosque que tiene Santa Ana y El Ensueño?
—Hay que cuidar el bosque de Santa Ana como cualquier otra área verde que tengamos. Aunque es cierto que cuando hay un espacio tan marcado, tan notorio como el de Santa Ana, cobra más importancia. A mí particularmente me fascina el lugar. Y creo que la falta de intervención en terrenos particulares fue uno de los grandes motores del bosque. Fue ahí, en esas zonas, donde se produjo un crecimiento libre de la flora. Hay una especie de temor o de fobia contra el eucaliptus, pero ha sido la gran placenta de protección para todo el otro bosque medio que ha crecido, en gran parte flora autóctona. Uno de los objetivos sería generar un vivero a cielo abierto. Hay una gran capacidad en esa zona. Extraer plantines, semillas y reproducir plantas en ese bosque y luego usarlas en la reposición del ornato público o en lo que sea. Ahí hay un potencial enorme.

—¿Es posible, en este contexto de crisis climática, incendios en el Amazonas y deforestación de pulmones verdes, que los bosques de Colonia crezcan y se revitalicen desde la diversidad de su flora y fauna?
—Es posible si cada parte articula su función. Hay mecanismos sencillos. Si la Intendencia regulara quién tiene el manejo. Una de las formas de que el balneario progrese es la norma técnica. Los esfuerzos tienen que ser mejor apuntados. Hay muchos árboles que no necesitan manejo, necesitan un monitoreo. Y otros es muy claro lo que hay que hacer. Pero para eso, hay que capacitar a las personas que se hacen cargo del ornato público.

* Agustín Colombo es periodista del diario Perfil y de la Revista Cítrica, en Buenos Aires.
www.amigosdelbosque.uy

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