SOCIEDAD
Nada es tan importante como la vida o cómo sobrevivir a los intentos de suicidio
El pasado sábado en la nota aparecida en EL ECO “El silencio es el cómplice del suicidio”, en un pasaje de la misma dice: “…hablar del suicidio en los medios puede tener, incluso, un efecto protector, si se trata de una cobertura responsable y no sensacionalista”. Así que entendí debía dar mi testimonio, quizás puede ayudar a alguien que esté aturdido, abrumado, sin rumbo o sin encontrar una salida a su “problema”. Por primera vez revelaré sucesos que ni mi familia conoce, hasta ahora (*).
L. Gonzalo Parodi Andrade.
El momento te atrapa, entras en esa nebulosa que te envuelve, y la solución es empastillarte, o algo más extremo. No somos capaces del pensamiento claro, creemos que el problema es mayúsculo cuando en realidad quizás no lo es tanto. Las cosas suceden, y debemos ser capaces de saber que la vida es esto: buenos y no tan buenos momentos. Un terapeuta me dijo un día que hay que preguntarse “para qué pasan las cosas” y no el “por qué me pasa esto”. La respuesta llega en su justo momento y al debido tiempo.
Todo ocurre en un segundo, es un momento donde no se razona, no hay grises. No piensas en nada ni en nadie, sólo en que no puedes resolver tu problema; al menos eso parece, pero lo cierto es que la resolución de ese problema está: hace falta la calma, el encontrar la persona con quien hablar, hace falta desnudar tu alma, que es más difícil que desnudarte de ropas. Todo para no llegar al momento del suicidio.
Las situaciones difíciles llegan, a veces las causamos nosotros mismos con nuestras acciones, cosas que pudimos evitar y no lo hicimos. Todos hemos pasado por una situación de “sufrimiento”, por la muerte de un ser amado, la pérdida de nuestra pareja, de un amigo, incluso de una mascota; pero nadie está a salvo del “dolor”.
El sufrimiento nos limita para el futuro, pero debemos reaccionar para lo que viene. “El jugador no elige las cartas que le tocan en suerte, pero debe jugar de la mejor manera que le resulte posible” (Roxana Kreimer).
Creo que sobrevaloramos lo que nos sucede. Un ejemplo que recuerdo haber leído sería: un hombre pierde un millón de dólares y se queda sólo con 50.000, para él es insuficiente, para otros, es todo.
Debo siempre mirar a mi costado para valorar lo que tengo. Afrontar los miedos y vencer la adversidad. Hay personas que no han enfrentado la adversidad, los problemas, sufrimiento o dolores verdaderos, en especial los jóvenes; apenas aparece una dificultad, creen se resuelve con el suicidio. Una consecuencia es la falta de familia me parece.
Como dice la nota publicada en algún pasaje: les enseñamos a nuestros hijos no fumes, no consumas drogas, no tomes alcohol pero nada hablamos del suicidio… “no te mates porque tu novia o si tu novio te dejó”, quizás no era la persona indicada para vos, ya conocerás esa persona que te valore y te quiera como te mereces. “No te suicides por esto o por aquello, nada hay más importante que tu vida”.
Los que han tenido una vida difícil la afrontan con firmeza y confianza. Los años y las experiencias te dan una cuota de defensa. A pesar de mis años, y después del último episodio, comencé a entender ciertas cosas, apoyado claro por una profesional, quien, por primera vez, me quitó las culpas que creí eran exclusivamente mías, y recuperé la autoestima. A pesar de mis logros personales, de mis charlas, conferencias, publicaciones de libros, charlas en escuelas y liceos, de reconocimientos en estudio de genealogía en Uruguay y Argentina, nunca creía en mí mismo, en mis valores, en mis dones. Hoy puedo decir que estoy en recuperación.
Lo vivido
Tuve tres intentos de suicidio: en 1976 cuando tenía 17 años y ante la muerte de mis padres; mi madre moría el 29 de mayo de 1975 de una embolia cerebral cuando tenía 59 años de edad; y mi padre el 8 de diciembre del mismo año de un infarto al corazón después de haber cenado.
El segundo episodio en 2006 y en 2019 el último, un domingo lluvioso a la tarde-noche. Hice algunas llamadas, me estaba despidiendo sin dar demasiadas pautas, cuando recibo una llamada de mi hijo, que, sin saberlo, me estaba dando la solución. Fueron minutos antes de mi decisión.
Cada sábado me llama gente a la radio agradeciéndome porque los hago felices con la música, en la calle me saluda gente que no conozco que me agradecen por el momento que les hago pasar. Hoy me siento bendecido por eso, porque hago algo para que la gente sea feliz, pues hay mucha gente sola. Pero lo que no saben, es que ellos son los que me hacen feliz, me acompañan, me devuelven la gracia de estar vivo!!! La radio es parte de mi vida, es una gran terapia, la música, la mejor.
Me pueden faltar algunas cosas aún para estar totalmente bien, pero como dije, miro al costado y veo a mis hijos, mis nietos, mis pocos amigos, la radio, llego a la plaza y me encuentro con gente para conversar un momento, tengo dos piernas para caminar y dos manos para hacer, tengo un techo que me protege, entonces veo que no tengo por qué sentirme infeliz.
Espero haber sido de ayuda con estas palabras, que si puedo llegar a una persona que esté pasando por un momento difícil hoy, y si puedo evitar una tragedia mañana, me sentiré reconfortado.
Gracias mil por este espacio.
“Nada vale tanto como la vida”.
(*) Esta nota fue publicada en EL ECO en la versión impresa el sábado 17 de setiembre de 2022.
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